MIGRANTES

 

MEXICO

A LOMOS DE LA BESTIA (I)

“No te duermas, sobre todo no te duermas”

El periodista Jon Sistiaga relata en un reportaje para Canal + su viaje a bordo del tren que lleva inmigrantes ilegales desde México con destino a EEUU

 

“Usted no parece un indocumentado”, me dice altivo el jefe de la estación de tren de Ixtepex, en Oaxaca, México. “No lo soy”, le respondo. “¿Entonces por qué se va a subir a la Bestia y jugarse la vida?”, me pregunta. Cuando le digo que estoy haciendo un documental sobre los emigrantes ilegales que se suben a ese tren de carga para llegar a Estados Unidos me vuelve a mirar con recelo. “La Bestia”, “El tren de la muerte”, “El devoramigrantes”, son muchos los nombres que le han puesto a ese tren que cruza México de sur a norte y en el que los migrantes son robados, violados, secuestrados o asesinados. Y son muchos los que creen que maquinistas y encargados de los cambios de vías están compinchados con las Maras y los narcos que los asaltan. Que ellos son los que bajan la velocidad del tren en determinados tramos o avisan de los horarios de salida de los convoyes.

Llevo varios días esperando a que salga la Bestia y visitando albergues católicos que hospedan gratuitamente a esos hombres y mujeres que no tienen ni para pagarse un billete de autobús con el que atravesar México. Son vulnerables, débiles, y tienen miedo. Para los narcos y las mafias son un objetivo fácil. Ilegales en un tren de carga, es decir, mercancía a la que robar o secuestrar para extorsionar a las familias. ¿Quién los va a reclamar si los matan y los tiran del tren en marcha? ¡Si la mayoría de ellos no lleva ni documentación para evitar ser deportados si los detienen!. Serían un cadáver más en una fosa común más, como las muchas que hay en México. Sin embargo le caigo bien al jefe de estación: “Súbete en los remolques de cemento, que tienen un pequeño espacio entre vagón y vagón que te protege del viento” —me sugiere—, “¡ah!, y toma esto por si acaso…”, y me da dos garrotes de madera. “Para que tengas algo para defenderte por si las Maras suben esta noche a la Bestia”.

Suenan dos silbidos largos y agónicos. Son las tres de la mañana. El tren de carga que hace la ruta hasta Medias Aguas inicia su camino. Corremos con nuestras cámaras y nuestros garrotes porque hay que subirse en marcha. Correr un poco hasta ponerte a la misma velocidad que el tren y entonces saltar a la escalerilla del vagón procurando que la inercia que provocan las ruedas de acero no te succione. Decenas de migrantes han fallecido o han sido amputados de esa manera. He visto a algunos de ellos. Me han contado como se cayeron, o se resbalaron, o fueron empujados durante un asalto. Es el tributo que se cobra la Bestia. Para que pasen muchos de ellos, se tiene que quedar con alguno. Y lo que mas me sorprende es que, efectivamente, a pesar del peligro no dejan de subirse a ese tren que les lleva hacia el sueño americano. El corredor México – EE UU es el más importante del mundo según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Elijo un vagón de la compañía cementera Cemex. Mala suerte. El hueco está lleno. Hay tres hombres jóvenes cubiertos con gorras de béisbol y vestidos con sudaderas. No hay demasiado sitio. El espacio del centro es el mas codiciado porque es el mas protegido del viento y el frío. Les saludo y encendemos el foco de la cámara. Se sorprenden. Si son emigrantes seremos compañeros de un viaje incierto, si son halcones, emigrantes que trabajan para los narcos localizando a las víctimas mas débiles, se sentirán cohibidos. “Somos de Guatemala”, me dicen los jóvenes.

Los tres han cruzado a México ilegalmente a través del río Suchiate. Estuve allí hace un par de días. Es una de las fronteras mas porosas del mundo. Frente al puente internacional que delimita las aduanas de ambos países, decenas de pequeñas balsas hechas con neumáticos de camión pasan todos los días, a todas horas, todo tipo de mercancía. Refrescos, tabaco, azúcar, tuercas, ordenadores, droga, armas, personas… Es un río de apenas doscientos metros de ancho que no tiene profundidad. Un cartel gigante en en lado mexicano dice que esa ruta ilegal de contrabandistas se llama “Paso del coyote”. Un nombre muy apropiado, porque así es como se les llama aquí a los traficantes de personas.

“Este es un mal necesario porque los impuestos de las aduanas son muy caros y así hacemos un favor a la gente”, me explica Milton Aguilar, uno de los balseros. Tiene una extraña filosofía existencial construida durante toda una vida viviendo en los márgenes de la ley. Cuando le pregunto si le puedo llamar traficante o contrabandista me responde que no, que él es “una persona legal que se gana la vida honradamente haciendo un contrabando ilegal”. Una curiosa distorsión de su trabajo, le digo, y le pregunto si me pasaría ilegalmente a Guatemala y después me devolvería a México. “Son 20 pesos” (poco más de un euro), me dice… Y me monto en su balsa.

Cada año 140.000 ilegales cruzan los casi 600 kilómetros de frontera con Guatemala para entrar en el país azteca y se estima que unos 50.000 de ellos pasan por aquí. Miro a mi alrededor. Se les distingue perfectamente. Llevan una mochila con algo de ropa y comida, una mochila pequeña, por si tienen que salir huyendo de los controles de migración. Pero sobre todo llevan en el rostro la incertidumbre de un viaje largo, peligroso e incierto. Van cabizbajos, como queriendo pasar desapercibidos. O quizás están perdidos en sus propias dudas. Muchos de ellos no llegarán a su destino. Se los tragará la Bestia, o acabarán trabajando a las órdenes de los narcos, o serán explotadas por las redes de tratas de blancas que las moverán de prostíbulo en prostíbulo. Ninguno sonríe. Están serios. Más bien tristes. Es lo que los psicólogos llaman el “Síndrome de Ulises”, el estrés crónico y múltiple que sufren casi todos los emigrantes.

Cuando estoy a mitad de río, mirándoles, me doy cuenta de que me he olvidado el pasaporte en el coche. Que realmente estoy cruzando como un ilegal. En la playa que hay en el lado guatemalteco, junto a la ciudad de Tecun Umán, en un improvisado mercado, los mayoristas alquilan las barcas para pasar su mercancía sin pagar impuestos. “Si me cogen los federales mexicanos me quedo sin nada, pero si no paso la aduana me ahorro mucha plata en tasas”, se justifica uno de los dueños de la carga. Un coche de Policía se pasea por la zona saludando a todo el mundo. Milton me dice que no me inquiete, que son amigos, pero por si acaso le pido que volvamos a la balsa y regresemos a México.

Cuando vuelvo a pisar Chiapas alguien me dice: “Bienvenido a México, ahorita le toca subirse a la Bestia”. Y aquí estoy. En la Bestia. En ese tren que es una picadora de migrantes. Con estos compañeros de vagón que me han ofrecido un plátano y que yo he comido cortándolo en rodajas con mi navaja para que vean que, si no son lo que parecen e intentan asaltarnos, lo van a tener difícil. Todavía no me fío. Las sacudidas de los vagones nos mueven de un lado a otro. Hay que agarrarse a cualquier manivela, tuerca o saliente que encuentres. El tren aúlla y coge velocidad. Saltar o caerte es morir. Muchos migrantes han fallecido al quedarse dormidos. Son las cuatro de la mañana. Nos quedan cinco horas de viaje hasta la siguiente estación y anoto en mi cuaderno “No te duermas, Jon, sobre todo no te duermas…”.

A LOMOS DE LA BESTIA (II)

Acuérdate de mi nombre…

Los viajeros indocumentados del tren La Bestia temen no poder ser identificados

Hay miles de cadáveres sin identificar

Soy un polizón. Un ilegal subido en este tren de mercancías que cruza México en dirección a Estados Unidos. Llevo mi pasaporte, pero viajo como un indocumentado. Me lo he colocado en un bolsillo bien cerrado, por si acaso. Por si me caigo. Para que al menos me identifiquen y sepan quien soy. Son las cuatro de la mañana y hace frío. Y está oscuro. De vez en cuando el maquinista frena para bajar la velocidad y la Bestia chirría, como si chillara, trepanandote los oídos. El carbón depositado en las vías y aventado por la velocidad del tren irrita los ojos y las mucosas. Tengo el pelo apelmazado y la piel acartonada. Respirar esto no debe de ser bueno. El cemento que transporta el vagón al que me he subido suelta un polvo blancuzco que se mete por todos los lados. Los vagones de delante llevan productos químicos, por eso no se ha subido en ellos ningún ilegal.

El rugido de la Bestia es constante y atronador. Cuando pasamos por gargantas angostas, el traqueteo del tren se convierte en una tortura sónica que amenaza con volverte loco. De noche no te puedes asomar para intentar distinguir por donde va el tren, porque cualquier rama de un árbol pegado a la vía te puede golpear y tirarte abajo. Los migrantes con los que viajo en este vagón de cemento me han dado sus nombres y me han contado sus historias. Empiezo a confiar en ellos. No creo que sean “halcones” de los narcos, pero por si acaso no bajo la guardia.

Dos de ellos se han quedado dormidos. Es una imprudencia. Cualquier frenazo, acelerón o curva cerrada los puede mandar a la vía. Y lo que es peor, a las ruedas de este tren que todos los días devora a algún ilegal o mutila alguno de sus miembros. Lo he visto en el Albergue de Tapachula, en Chiapas, donde acogen a los migrantes a los que la Bestia dio un zarpazo, pero que sobrevivieron.

“Me quedé en shock. Mi mente seguía funcionando, dándose cuenta de lo que me había pasado. Sentía coraje por todo el cuerpo. Un calor enorme. Me dio por pensar que igual me salvaban la pierna, pero ya ve, ahora llevo una prótesis..”. Maritza Guzmán, hondureña de 25años, borda la iniciales del albergue Jesús el Buen Pastor en un mantel mientras me cuenta su drama. Intentó subirse a la Bestia en marcha cuando ya había cogido velocidad. Se agarró a la escalerilla pero en el ultimo momento vaciló. Y con la Bestia no se vacila, porque no tiene piedad. Maritza saltó pero se dio cuenta de que su pierna derecha no hacia pie en el escalón, sino que era succionada por la rueda del tren. Succionada y seccionada. Ese día acabo su viaje como ilegal a Estados unidos. Era el primer día y ahora espera su deportación en esta posada para migrantes.

La historia de Maritza se repite muy a menudo. Todas las semanas los diferentes hospitales de las ciudades por las que pasa el tren registran el caso de un amputado, cuando no de un fallecido por el tren. Le pregunto como contempla su tragedia, como una cuestión de mera mala suerte, como un fracaso, quizás como un castigo. “Para ser un castigo debería ser mala persona, y no lo soy, pero si es un fracaso. Nunca tuve un buen trabajo en mi país, pero al menos tenia dos piernas”, se lamenta.

El albergue de Tapachula se ha especializado en el cuidado, cura y mimo de todas estas personas que iniciaron un viaje para una vida mejor y que fueron brutalmente golpeados por la realidad del fracaso. Miguel Antonio Távora, de 28 años y también hondureño, maneja la silla de ruedas con soltura. Me cuenta que perdió la pierna dos semanas antes. Tiene, como dice el, los muñones todavía frescos. Llegó a jugar al fútbol en ligas mayores en su San Pedro Sula natal, y ahora, pena por haber tomado una decisión que lamentará toda su vida. “A mi me mató la confianza, porque no le mostré miedo a La Bestia”, cuenta. Como a Maritza, su cuerpo fue succionado al resbalar por la escalerilla mientras abordaba el tren. Como Freddy, que resbaló del techo del vagón por la lluvia y acabo bajo las ruedas. Como tantos y tantos otros que, al menos, tienen la suerte de contarlo.

8.818 cadáveres sin identificar

Los otros polizones que van conmigo, los que están despiertos, me cuentan historias similares, y me dicen que me acuerde de sus nombres por si se caen del tren o los despeñan los narcos durante un asalto: “No llevamos documentos y no queremos acabar en una fosa común”. Apunto: Edgar Vázquez, salvadoreño, Marvin López, hondureño, Miguel Guerra, guatemalteco… Yo les cuento que he estado en la morgue de Tapachula y en su cementerio, donde entierran los cadáveres de los ilegales no identificados.

Callan y escuchan. Supongo que queriendo no escuchar. Imaginándose ellos mismos en esa situación. Les doy datos. Hay en México 8.818 muertos sin nombre, según estadísticas del Servicio Medico Forense (SEMEFO). Bien es cierto que muchos de ellos son producto de las guerras internas entre los narcos, pero los cadáveres encontrados en las ciudades que hacen frontera con Estados Unidos o Guatemala, o por las que pasa La Bestia, son de migrantes. Son enterrados en fosas comunes y el único documento oficial que consta es un Acta de Defunción donde, en una linea, se hace una descripción de las causas del fallecimiento.

“El año pasado enterramos a unos 70 u 80”, me cuenta Arturo Moreno, el enterrador del cementario de Tapachula. Tiene un sentido del humor especialmente negro, como supongo que se le pide a un enterrador, y el sentido práctico de un Caronte que te dice “muchos vienen ya con olor, con arrocito y gusanos, ya no se les reconoce ni la cara. Si, es una tragedia pero pues no es para ponerse a llorar, ¿No?”. Cuando le pregunto que me enseñe la fosa común mi sorpresa se convierte casi en indignación. No hay fosa común. La quitaron para hacer sitio. Desde hace semanas entierran los cadáveres de los ilegales en los caminos de tierra del cementerio, o entre las tumbas mas antiguas, o simplemente en cualquier esquinazo. Solo él y el responsable del camposanto saben donde están. Podemos estar pisando un cuerpo no identificado y no saberlo. Me enseña un basurero, lleno de ceniza, desperdicios de comida y restos de flores secas: “Aquí enterramos a un padre y su hija, juntos, como los encontraron”.

– ¿Quienes eran?, -pregunto.

– Ni idea, yo solo enterré sus cuerpos.

– ¿Y lo hizo debajo del basurero o la basura la echaron después?.

– Eso es culpa de la gente, que echa sus desperdicios aquí. ¡Que falta de vergüenza!, -me dice como compungido.

– Bueno, y porqué no señalizan el lugar. Ponen una cruz, o un cartel que diga N.N., o algo que indique que aquí yacen dos cuerpos…

– Porque no me pagan por ello. A mi me pagan lo familiares de los muertos y como estos no sabemos quienes eran, y como pues no hay familia, pues ahí están..

Mis compañeros de viaje en La Bestia me miran sin despegar los labios. Les enseño la foto del basurero y ladean la cabeza sin decir nada. Cerrando lo ojos. Enseguida despiertan al que se había quedado dormido. “Cuidado hermano, que si te caes ya nunca mas se sabe de ti”. Y se arrepienten de no llevar su documentación encima. Y se aprietan entre ellos como dándose calor, o esperanza, o ánimo. El tren sigue su marcha. Yo me palpo el pasaporte y me froto las manos para calentármelas un poco. Y me pregunto a mí mismo por qué les cuento estas cosas. Por qué soy a veces tan bocazas. Que necesidad tengo de amargarles un viaje ya de por si complicado. Son las cinco de la mañana y el tren no deja de rugir. Sigo despierto…

A LOMOS DE LA BESTIA (III)

La violación como precio del pasaje

Las jóvenes inmigrantes dan por hecho que pueden sufrir una agresión sexual en La Bestia

Antes de subirse al tren, muchas mujeres se inyectan un anticonceptivo

Sigo de pie, agarrado a una pequeña barandilla metálica roñosa que es mi único asidero entre estos dos vagones cargados de cemento. No quiero sentarme para que no me venza el cansancio y el sueño. No me fio de La Bestia. Son poco mas de las cinco de la mañana. Miro hacia abajo y alumbro con una pequeña linterna las ruedas de La Bestia. Tengo la impresión de estar subido en una especie de cuchilla gigantesca, que chirría constantemente. Un tropezón, un empujón, un descuido y se acabó. Acabamos de pasar por el apeadero de Matías Romero, una pequeña localidad de Oaxaca, México. Mis compañeros de viaje, los ilegales que cuelgan conmigo en este tren de mercancías, me dicen que ahora empieza lo bueno. “Entramos en territorio de los Zetas”, me suelta un guatemalteco. ¡Los Zetas! Probablemente el cártel mas sanguinario de los narcos de este país. Los que se dedican a subir a Internet vídeos decapitando a sus víctimas. Los autores de la masacre de San Fernando, donde asesinaron a 72 migrantes ilegales como estos, como nosotros, después de secuestrarlos. “Si el tren se para de repente, como sin justificación, salte varón, porque van a subirse las Maras o los Zetas. Salte y corra hacia el bosque si quiere seguir vivo”, me dice otro de los migrantes.

Aquellos 72 migrantes fusilados a bocajarro tomaron una decisión muy valiente que les costó la vida, me había dicho el Padre Alejandro Solalinde en su albergue de Ixtepec: “Al no poder pagar su rescate debían trabajar para los Zetas como sicarios, asesinando a otros migrantes. Y al negarse masacraron a los 72”. Solalinde es uno de los activistas pro derechos humanos más conocido de México. Lleva años denunciando los abusos de las autoridades y de los narcos contra los migrantes, y ofreciéndoles cama, comida y consejos para seguir el camino. Cuando le dije que me iba a subir al tren, a La Bestia, me dijo que era muy necesario que se mostrarán las condiciones del viaje de todos estos desheredados, pero que tuviera mucho cuidado. Que su propio albergue había documentado el año pasado 362 secuestros de migrantes. “Y no sabemos cuantas personas han sido asesinadas o desaparecidas, y yacen por ahí, en fosas clandestinas”, me contaba con pesar.

Solalinde es de esas personas que destilan bondad. Casi todos los migrantes con los que viajo en este convoy de mercancías han pasado por su casa, pegada a la vía del tren. Vestido de un blanco inmaculado le he visto recibir a todos los ilegales que llegan a lomos de La Bestia, sabiendo que muchos de ellos viajan con un guía, un pollero, un traficante que les esconderá en casas de seguridad y que les cobrará 2.000 dólares por llevarles a los Estados Unidos. Muchos de esos serán secuestrados por los propios traficantes de personas. “Hay que investigar y rastrear las trasferencias de dinero de Western Union, porque muchas de ellas no son remesas de dinero de los emigrantes que trabajan, sino pagos del rescate por un familiar secuestrado en La Bestia”, me cuenta muy serio.

Siete de cada diez mujeres son violadas

Pero si algo le enerva de verdad es hablar de las mujer migrantes, las mas vulnerables, las mas desprotegidas: “Es rara la que se salva de ser violada”, dice circunspecto. Le pregunto que datos tiene. Me mira y reflexiona. Cuenta que es difícil tener estadísticas fiables porque las mujeres tienden a ocultar la violación. Que los estigmas sociales, el peligro de expulsión si lo denuncian, o el deseo de llegar como sea al norte, a Estados Unidos, les lleva a ocultar y callar los asaltos, pero que son muchas: “Siete de cada diez mujeres migrantes que pasan por México son violadas en algún punto del recorrido.”

¡La violación como parte del precio del pasaje!. Antes de subirme a La Bestia había preguntado a algunas mujeres migrantes por el peligro de ser abusadas sexualmente. Todas encogían los hombros y bajaban la mirada, como dando por hecho que suele pasar y que les puede pasar. Una suerte de derrotismo vital. Muchas de estas jóvenes, guatemaltecas, salvadoreñas, hondureñas, se inyectan antes de subirse al tren un anticonceptivo conocido como Depo-Provera. Le llaman “la inyección anti-México”. Impide la ovulación durante tres meses y de esa manera, si son violadas, evitan al menos quedarse embarazadas.

“Aquí, en La Bestia, se pierde la vida y la dignidad. Aquí si un puñado de hombres dicen ‘te vamos a agarrar y te vamos a violar’, lo hacen… Enfrente de todos… Y nadie dice nada…”. Me lo contó Morena Alfaro, una salvadoreña de 32 años de mirada vivaracha. Ella se libró por los pelos. O según ella, por la intercesión de la Virgen de Guadalupe, de la imagen que lleva colgando del cuello. Ocurrió en una de las paradas del tren. Eran varios. A ella se la llevaron lejos de las vías y le pusieron una pistola en la cabeza. Lloró, suplicó y le pidió al asaltante que se acordara de su propia madre. “Le dije que el también era hijo de mujer, como yo..”. Finalmente le dió una fuerte patada y le robó todo lo que llevaba. Su prima tuvo menos suerte y fue violada por varios tipos.

Es tan escandalosa la certeza de esas mujeres de que serán abusadas sexualmente que algunas de ellas optan por vestirse de manera sexy y aprovecharse de su cuerpo para seguir avanzando en los controles de migración. Otras, como Morena, deciden buscarse maridos de conveniencia. El trato es ofrecer a ese hombre favores sexuales a cambio de protección. Que se haga pasar por su marido y la defienda. “Yo no lo considero prostitución -me dice Morena-, sino supervivencia. Lo hago para sobrevivir. La prostitución se hace por dinero y esto es por necesidad. O lo hago o no avanzo en la ruta”.

Morena no cogió el tren ésta noche. Se quedó en la estación esperando al siguiente porque estaba, decía, justita de fuerzas. Hay que tener muchas agallas para subirse a un vagón como éste en el que estoy. Para pasarse toda la noche a oscuras, rodeada de tipos que no conoces, expuesta al asalto de los bandas organizadas que buscan mujeres como ella para violarlas u obligarlas a prostituirse en garitos de mala muerte en Tapachula o Ixtepec. Son las seis de la mañana. Empieza a amanecer. Ahora por fin puedo ver algo del paisaje que atravesamos. Sigo en territorio de los Zetas, los de la última letra, como les dicen. El tren ha frenado un momento, casi se ha parado, y me subido al techo del vagón para ver qué pasa. Veo las caras de miedo de otros migrantes. Todos pensamos lo mismo: “Nos van a asaltar”…

A LOMOS DE LA BESTIA (IV)

Si no te mando un email, dame por muerto…

Los secuestradores aprovechan las paradas para subir al tren conocido como La Bestia

El tren se queda casi parado. La Bestia calla y suena una especie de disparo. Como un latigazo de aire. Nos ponemos en alerta por si los Zetas o las Maras están asaltando el tren. Alguien grita que estemos tranquilos, que es el maquinista que ha desenganchado un par de vagones. ¡Fissshh..! Otra vez. La Bestia parece que suspira. Eso es malo, me digo, cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace. Lo había releído hace unos días en Pedro Páramo. Al menos ya es casi de día. Ahora, por fin, todos los ilegales que estamos en ese tren nos podemos ver las caras. La del salvadoreño Edgar, con su sudadera azul, y que es mucho más joven de lo que aparentaba en la penumbra de las vías. La de Marvin, el hondureño, que desde el principio me pareció un halcón de los narcos, el que nos iba a señalar y a vender, pero que ha empezado a caerme bien. La de Miguel. Supongo que el hecho de que todavía no nos haya pasado nada, el cansancio o las ganas de llegar, nos hacen a todos bajar la guardia.

Entre mis compañeros de vagón hay algún veterano que ya ha hecho este viaje un par de veces. Nos cuenta que esas paradas técnicas son los momentos más peligrosos porque son los que aprovechan los secuestradores para subir al tren. Por si acaso, garrote en mano, nos subimos al techo para comprobar si alguien accede al convoy. “Si ven que somos muchos y que vamos armados, pueden decidir asaltar a los del otro vagón. Aunque si llevan cuernos de chivo (kalashnikovs) estamos jodidos..”, me dice Marvin. Algunos de estos hombres han cabalgado a La Bestia hasta en tres ocasiones. Unos han sido detenidos y deportados a sus países. Otros simplemente han regresado para pasar las Navidades con sus familias, pero siempre vuelven.

“Una vez subieron tres ‘mareros’ armados con pistolas y todos corrimos y saltamos hacia los vagones de atrás. Huyendo. Cuando llegamos al último vagón y vimos que se acercaban no nos quedó otro remedio que saltar del tren. Preferí rifarme la vida que esperar a que me robaran lo poco que tenía o me mataran”. Cada uno de estos hombres y mujeres tienen historias similares. El patrón es casi siempre el mismo. Muchos de ellos acaban en algún albergue, hambrientos, harapientos, despojados de su dinero y su dignidad. Allí, hace tiempo hasta que algún familiar les envía algo de dinero con el que seguir adelante. La fiscalía mexicana calcula que las ganancias de estos secuestros y extorsiones pueden ascender a 50 millones de euros anuales. Todo un negocio. Afortunadamente, y después de mirar mucho, no vemos que se haya subido nadie imprevisto.

El tren vuelve a arrancar. De improviso. Sin avisar. Ni un pitido de la locomotora. Nos tambaleamos y a punto estoy de resbalar del techo del vagón. Me agarro a la manivela de una especie de chimenea redonda. Mi cámara, Mario Lastra, me sujeta y consigo levantarme. El tren coge velocidad y es mejor bajarse de ahí. El amanecer al menos nos permite ver las ramas de los árboles que peinan al tren a lo largo de la vía. Hay que agacharse constantemente. Tirarse literalmente al techo del vagón. El tren avanza cada vez más rápido hacia ese sol que apenas empieza a salir allí a lo lejos, en el horizonte, como queriendo alcanzarlo. Tenemos la sensación de estar surfeando sobre las copas de los árboles. De estar en una especie de videojuego en el que hay que saltar o agacharse constantemente, sin perder el equilibrio y sin caerte por los costados del vagón. Alguno de los migrantes veteranos me dice que tengamos cuidado, que esa sensación de euforia, de descarga de adrenalina, de que no te puede pasar nada, de libertad, en definitiva, le ha costado la vida a muchos.

Cuando bajamos la escalerilla Miguel, el guatemalteco, nos avisa de que no pongamos los pies en los enganches del tren. Ellos le llaman “muelas”. Son los mecanismos hidráulicos que engarzan vagón con vagón pero que, con los acelerones y los frenazos, se convierten en auténticos cepos si te has situado encima de ellos. Los pies de decenas de ilegales han sido machacados por esas muelas. “La Bestia no tiene piedad -dice-. En este viaje no existe la piedad. Solo algunos curas buenos que nos dejan dormir en sus albergues y las señoras patronas que regalan comida”.

Conocí a esas patronas. El nombre les viene de la pequeña pedanía en la que viven, junto a la ciudad de Córdoba, y que se llama La Patrona. Sus casas están junto a la vía del tren, literalmente pegadas, y su vida se rige por los horarios de esa Bestia, que les despierta con sus silbidos o les corta el paso a nivel con su presencia mastodóntica e imparable. Desde hace unos años un grupo de vecinas cocina a primera hora de la mañana 50 raciones de comida que introducen en bolsas, y que atan entre sí en pequeños hatillos. Cuando suena el pitido de La Bestia corren como posesas y se sitúan junto a la vía. Esperando. Entonces se produce algo impresionante por su peligro y por su altruismo. Decenas de migrantes se asoman de maneras imposibles por los huecos de los vagones. Se sujetan con la pierna a las escalerillas o se atan con cinturones a un pestillo del tren, todo con tal de escorzar al máximo sus cuerpos y alcanzar la comida que les dan Las Patronas.

Es una especie de avituallamiento en velocidad, de bondad real. Mucha de la comida queda desparramada por el suelo porque los migrantes no consiguen asirla. “Da igual, lo que importa es el detalle, que ellos sientan que no están solos, que hay gente buena en México”, me dijo Norma Romero. Ella empezó con esto hace 15 años. Convenció a sus hermanas. Después a sus vecinas. Algunas decidieron retirarse de esta especie de ONG de base, agobiadas por las amenazas del crimen organizado, de los secuestradores. Otras lo hicieron porque durante un tiempo fueron acusadas de polleras, de traficantes de personas. “¡Hasta que la Corte Suprema cambio la ley, cualquiera que ayudara o cobijara a migrantes, aunque no obtuviera beneficio económico, podía ser acusada de tráfico de personas, por eso algunas abandonaron”, cuenta Norma.

“¡Qué buenas las señoras!”, me recuerda Miguel. Ya se ha hecho completamente de día y estamos llegando a Medias Aguas, Estado de Veracruz, zona controlada, según todos, por los Zetas. Territorio narco donde nada se mueve sin su conocimiento o consentimiento. Nos aconsejan dejar el tren para no atraer más su atención y perjudicar al resto: “Es que si los halcones les dicen que hay extranjeros con plata van a querer subir y de paso robarnos a nosotros”, me suplican. El tren discurre ahora más lento por veredas donde pastan vacas y praderas gigantes de un intenso verde. Son las nueve de la mañana. Nos desperezamos como podemos. El cansancio se dibuja en nuestras caras. Las fuerzas fallan. El tren se detiene en la estación. Llegan los garroteros, los guardias de seguridad de la Compañía de Ferrocaril Chiapas-Mayab. Gritos de que nos bajemos. Pitidos con el silbato y amenazas con sus porras. Algunos salen corriendo. Rodearán la estación para volver a cogerlo cuando salga el tren por el otro lado. Necesito un café y una ducha. Yo puedo permitírmelo, pero mis colegas de viaje, mis amigos ilegales, no… Ellos se esconderán en el bosque, se lavarán en un río y buscarán alguna iglesia para que les de algo de comer.

Me despido de ellos. Todos estamos sucios y avejentados. Viajar en La Bestia desgasta. Les digo que tengan cuidado y que no se fíen de nadie. Yo seguiré mi viaje en avión. Subiré a la complicada Ciudad Juárez, en Chihuahua, y a San Fernando, en Tamaulipas. Ellos tardarán tres semanas en llegar allí si antes no les cogen y los deportan. “¿Por qué a San Fernando, guey?”, me pregunta Marvin. “Porque allí los Zetas fusilaron a 72 migrantes como vosotros a los que intentaron captar para el narco, y porque se han encontrado varias fosas comunes con casi 300 cuerpos de ilegales que nunca llegaron a su destino en Estados Unidos”, le respondo. Y vuelve a mirarme con estupor, como pensando en silencio “¿Y para qué me lo cuentas, cabrón…?”. Y yo vuelvo a decirle que tenga cuidado. Y que coja la ruta del oeste, la de Tijuana, que está ahora mas fácil que la de Tamaulipas, en el Caribe. Y le abrazo. Y le veo alejarse con su mochila pequeña, con su gorra de béisbol, con su dignidad, con sus esperanzas, con su proyecto de futuro como carpintero en Las Vegas. Y levanto los brazos y cruzo los dedos cuando se da la vuelta para decir adiós, intentando enviarle buenas vibraciones, porque justo antes me ha dicho que si no me manda un email en menos de un mes, desde Las Vegas, que le dé por desaparecido o por muerto…

 

 

 

 

 

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Madres centroamericanas rendirán homenaje a 72 migrantes asesinados en México.

Treinta y tres madres centroamericanas realizarán este miércoles en el municipio de San Fernando, noreste de México, una ceremonia en honor a los 72 migrantes asesinados en esa comunidad en agosto de 2010 por miembros de la banda criminal de Los Zetas.

“Las madres exigirán al gobierno de Tamaulipas (al que pertenece San Fernando) que se aceleren las investigaciones sobre la masacre”, dijo hoy a Efe María Eugenia Arriaga, portavoz del Centro Diocesano para los Derechos Humanos de Saltillo, una de las organizaciones que apoyan a las madres centroamericanas.

La ceremonia que se realizará en San Fernando forma parte de los festejos por el “Día de Muertos” que celebra la tradición mexicana, agregó Arriaga.

La Caravana de Madres Buscando a sus hijos en Tránsito arrancó el pasado domingo en el sur de México y ha recorrido cárceles, morgues y hospitales del estado de Tabasco, fronterizo con Guatemala, para rastrear datos que las conduzcan a sus familiares que desaparecieron en México en su tránsito hacia Estados Unidos.

Después de su estancia en San Fernando (Tamaulipas) viajarán al estado de San Luis Potosí, centro del país, y posteriormente a Saltillo (Coahuila), estado fronterizo con EE.UU.

En Saltillo visitarán la morgue, celebrarán una misa por los migrantes desaparecidos y participarán en una exposición fotográfica de migrantes centroamericanos desaparecidos.

La caravana de las 33 madres es escoltada por efectivos de la Policía Federal mexicana y la acompañan representantes de organizaciones de derechos humanos y activistas de los refugios que ofrecen albergue a los centroamericanos en su tránsito por México.

La Caravana de Madres buscando a sus Hijos Desaparecidos en Tránsito está integrada por madres procedentes de Honduras (28), Nicaragua (4) y El Salvador (1).

Hasta hace unos años, por México cruzaban anualmente unos 350.000 centroamericanos indocumentados en busca de llegar a Estados Unidos, pero la crisis económica en la potencia mundial y su endurecimiento migratorio, además de la violencia en el territorio mexicano, ha provocado una baja en el flujo migratorio hasta llegar a los 140.000 cada año

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MEXICO

La violencia contra las mujeres migrantes en tránsito por México.

En años recientes se ha visibilizado la situación que enfrentan las personas migrantes
internacionales que transitan por México en su viaje hacia Estados Unidos. Como se trata de
una población indocumentada, es complicado cuantificar los flujos. Por lo tanto, se han basado
las estimaciones en las estadísticas del Instituto Nacional de Migración (inm) utilizando los
números de aseguramiento y devoluciones como forma de medir los cambios en los flujos.
Mientras el viaje a través de México siempre ha representado un reto para las personas
migrantes de tránsito, entre 2000-2005, el inm aplicó una política más severa de control y
verificación migratoria llegando a 247 mil detenciones en 2005. Sin embargo, con los cambios
en la geografía y la destrucción de una parte de la vía del tren en Chiapas después del Huracán
Stan, se abrieron nuevas rutas para las personas migrantes indocumentadas y el número
de detenciones empezó a reducirse, alcanzando 69 903 eventos en 2010.

La mayoría de las personas migrantes indocumentadas detenidas cada año provienen de
tres países: Guatemala, Honduras y El Salvador, representando alrededor de 95% de los
eventos de detención. Sin embargo, es importante destacar que personas migrantes de diversas
nacionalidades se encuentran en estos flujos incluyendo Nicaragua, Estados Unidos,
Ecuador, República Dominicana, Brasil, Colombia, Cuba, Eritrea, entre otras.
Además de los cambios de ruta, la crisis económica en Estados Unidos, combinada
con la aplicación de mayores controles en la frontera entre México y Estados Unidos, y el
clima de xenofobia y redadas en este país también contribuyeron a que menos personas
migrantes emprendieran el viaje. Finalmente, desde hace varios años, el involucramiento
del crimen organizado en el negocio de tráfico de personas y el secuestro ha intensificado los tipos de violencia que están viviendo
muchos migrantes de tránsito, inclusive los migrantes mexicanos. Con estos cambios,
además de las extorsiones de varios cuerpos policiacos, abuso físico y verbal, accidentes
y delitos como el robo que vivía este sector en años anteriores, se han agudizado las
violaciones a los derechos humanos que hoy incluyen privación de la libertad por grupos armados coludidos con las autoridades,
tortura, trabajo forzado y ejecuciones.
Estos actos violan el derecho a la integridad personal, derecho a la salud, derecho a la
propiedad, derecho a la libertad de circulación, derecho a no ser sometido a esclavitud
o servidumbre y derecho a la vida.
Con más de 10 mil secuestros documentados en un periodo de seis meses durante dos años seguidos (2009 y 2010) por las organizaciones de la sociedad civil y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (cndh),
la situación de violencia que vive el país en general ha tenido un impacto en las formas aplicadas a las personas migrantes en tránsito.

Las mujeres migrantes en tránsito por México
Las mujeres migrantes que transitan por México no han sido exentas de estas nuevas formas de violencia. Igual que la cuantificación
de los flujos en general, se pueden arrojar estimaciones del número de mujeres en tránsito con base en las estadísticas del inm. Otras fuentes de información sobre las mujeres migrantes en tránsito incluyen los albergues y los consulados que pueden hacer
estimados a partir de la población que apoyan cada año. En general, las mujeres representan entre 10 y 30% de las personas
migrantes en tránsito a través de México. Por ejemplo, en 2010 las mujeres representaron 14.2% de los eventos de detención en estaciones migratorias en México. Igual que los hombres, la mayoría de las mujeres migrantes detenidas en México son de Guatemala,
Honduras y El Salvador, y en menor grado de Nicaragua, Ecuador, Brasil, Colombia, República Dominicana y Cuba, así
como de países fuera del continente americano.
En los últimos años las niñas representan aproximadamente 23% de los eventos de detención en las estaciones migratorias.
Mientras las mujeres representan porcentajes menores en los flujos de migrantes a través de México, es importante resaltar
que en Estados Unidos, el principal país de destino, ellas representan aproximadamente 50% en el volumen desde hace más de 40
años. Estas diferencias explican en parte por qué las mujeres que llegan al país de destino tienden a quedarse, muchas veces por razones ligadas a la maternidad, aun si la situación económica y la percepción del peligro de viajar son factores adicionales. Además,
muchas veces las mujeres migrantes en tránsito viajan de formas aún más clandestinas que los hombres.
Por ejemplo, mientras se encuentran mujeres migrantes viajando por las rutas del tren en México, la mayoría intenta viajar por
formas más clandestinas, con traficantes que les proporcionan documentación falsa para viajar en los autobuses o viajando por las carreteras con conductores de camión. Estas formas de trasladarse las vuelven aún más vulnerables a sufrir violencia. Se estima que
más de 65% de mujeres migrantes contratan a un traficante para realizar el viaje a través de México.
El hecho de que las mujeres en tránsito sufran altos grados de violencia puede tener un impacto importante en la salud mental,
afectando su capacidad de desarrollar sus vidas laborales y sociales llegando al país de destino. Esta situación es de particular importancia considerando el papel de las mu jeres en el proceso migratorio: las mujeresmigran para buscar trabajo, para mantenerse
a sí mismas y a sus familias.

La violencia
La violencia que viven las mujeres migrantes que transitan por México no es un fenómeno nuevo y se ha ido visibilizando con los
informes de la sociedad civil, algunas investigaciones y los informes de las relatorías de los derechos de los trabajadores migrantes y
sus familias de la Organización de las Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (cidh). Desde 2002, la
relatora de la onu menciona conversaciones con mujeres migrantes que relataban la situación de violaciones por parte de elementos
de seguridad de los trenes, extorsión y violencia sexual de parte de oficiales a cambio de la no deportación, condiciones de
trabajo forzadas, embarazos no deseados y discriminación. La violencia sexual, en particular, es utilizada por agentes estatales así
como por civiles contra las mujeres migrantes en tránsito.
Violencia sexual es todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra
persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito,
incluidos el hogar y el lugar de trabajo. La coacción puede abarcar una amplia gama de grados de uso de la fuerza. Además de
la fuerza física, puede entrañar la intimidación psíquica, la extorsión u otras amenazas, como la de daño físico. Algunos ejemplos de
violencia sexual incluyen:
• La violación por parte de desconocidos.
• Las insinuaciones o el acoso no deseados
de carácter sexual, con inclusión
de la exigencia de mantener relaciones
sexuales a cambio de favores.
• La prostitución forzada y la trata de personas
con fines de explotación sexual.1
Una de las dificultades para visibilizar la utilización de la violencia sexual contra las mujeres migrantes es la complejidad de documentar los casos. En primer lugar, muchas veces éstas tienen miedo de contar la situación. Además, no existen las condiciones
adecuadas para las entrevistas por falta de privacidad, el ambiente de miedo para las mujeres detenidas; la formalidad de las
entrevistas y la falta de tiempo para desarrollar la confianza necesaria.
Debido a estas situaciones, una estrategia común utilizada por las mujeres migrantes es describir la violencia sexual de ajenos
para excluirles a ellas de la situación, aun si han sido víctimas directas. Por ejemplo, en un estudio de 2007 sobre mujeres migrantes
en detención en México, algunas que provenían de Ecuador contaban el ambiente de violencia sexual en los barcos que les llevaba
a la costa de Guatemala antes de entrar a México y otras narraban las violaciones que habían visto en la ruta de los trenes, siempre
refiriéndose a las demás.2 En segundo lugar, los conceptos de violencia y violencia sexual entre las mujeres
varían por lo cual es importante realizar preguntas sobre conductas en lugar de preguntar si la persona ha sido víctima de violencia
sexual. En el mismo estudio, muchas mujeres dijeron que no habían vivido la violencia sexual pero durante la entrevista describían
conductas que la implicaban.
Algunos ejemplos incluyen:
• Una revisión médica en la Procuraduría
General de la República (pgr) que consistía
en dar vueltas desnuda delante de
un panel de tres hombres que se decían
médicos.
• Relaciones sexuales forzadas a cambio
de pasaje con un conductor de camión.
• Hostigamiento sexual de parte del traficante
a quien la familia de la migrante
había encargado su seguridad.
Los testimonios de violencia sexual de algunas
mujeres migrantes en tránsito, incluidos
en una investigación realizada en 2007
refieren:
Estábamos sentados afuera de Agua Prieta cuando las autoridades nos robaron. Todos los hombres se tenían que quitar la ropa pero
cuando se me acercaron, me tocaron por todo el cuerpo antes de quitar mi dinero (peruana de 22 años).
Estábamos en el tren cerca de Apizaco, Tlaxcala –había una caseta al lado–. Un agente de seguridad se subió al tren y me violó. Me dijo que si yo reportaba algo a la policía me llevarían de regreso a Guatemala. Después, me quitó 40 usd (guatemalteca de 21 años).
Estábamos en Tapachula y un agente de migración nos paró. Nos dijo que si tuviéramos relaciones con él, no nos detenía (salvadoreña
de 27 años).
Los conceptos del papel de la mujer en los ámbitos público y privado y las relaciones de poder son factores comunes en los patrones
de violencia contra las mujeres migrantes. Por ejemplo, varias mujeres que durante días habían viajado en un barco mencionaban
que parte del pago a los traficantes era la preparación de la comida y la limpieza durante el viaje. Muchas mujeres migrantes
hablan de relaciones sexuales como parte del pago a los camioneros que las llevan hacia la frontera. Otras consiguen trabajos
temporales en bares o en algún hogar. Estos patrones se repiten hasta en los secuestros que están viviendo las migrantes actualmente.
Por un lado existe la posibilidad de sobrevivencia a través de la participación en actividades domésticas, por ejemplo, cocinando
para los demás migrantes en la casa de seguridad, pero también está el peligro de la prostitución forzada dentro de la situación
de secuestro. Es un ejemplo de cómo una situación de tráfico puede convertirse en una situación de trata de personas.
Desde hace casi una década la onu ha documentado casos de violencia contra las mujeres migrantes que transitan por México,
refiriendo que la violencia sexual en particular es utilizada por agentes estatales así como por civiles a cambio de la no deportación.
3 Véase Gabriela Diaz y Gretchen Kuhner, Globalización y migración femenina. Experiencias en Mexico, cepi Working Paper núm. 12, México, Centro de Estudios y Programas Interamericanos-Instituto Tecnológico Autónomo de Mexico (itam), 2007.

Propuestas de protección
La protección para las mujeres migrantes en tránsito es difícil de proveer debido al miedo que tienen para acercarse tanto a las autoridades como a la sociedad civil en algunos casos. Asimismo, la necesidad de apoyar económicamente a sus familias hace que sigan
adelante sin quejarse ni buscar atención médica.
En los últimos años, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y el Instituto Estatal de las Mujeres de Chiapas han establecido
pequeñas clínicas en los municipios de Tapachula y Arriaga para prestar asistencia médica y psicológica a las mujeres
migrantes que han sufrido violencia sexual.
La Organización Internacional para las Migraciones (oim) ha gestionado un programa para mujeres migrantes víctimas de violencia
sexual en coordinación con organizaciones de la sociedad civil en Chiapas. Sin embargo, su situación irregular y el riesgo de
la deportación son factores importantes que las dejan en la clandestinidad.
El proyecto de Ley de Migración recién aprobado por el Congreso el 29 de abril (en espera de la firma del Ejecutivo) contiene
algunas provisiones para que personas víctimas o testigos de delitos puedan regularizar su estancia. Reconoce el derecho a la
salud para las personas migrantes, independientemente de su situación migratoria, y el derecho a tener acceso a la justicia. Sin embargo, son derechos que ya existían en otras normas y tratados internacionales de los cuales México es parte, entonces, la puesta
en la práctica está por comprobarse. La posibilidad de emprender un viaje de forma regular a través de México sería una herramienta importante para minimizar la vulnerabilidad de las mujeres migrantes.
Esto se podría lograr mediante una autorización de estancia temporal o acuerdos de supresión de visa, tomando en cuenta las
nacionalidades de las personas migrantes que resulten más afectadas por la violencia.
Sin estas medidas de protección se podrá esperar más actos de violencia como los dos incidentes recientes que involucraron a un
agente migratorio persiguiendo a una mujer hondureña con un machete en Tabasco o la niña salvadoreña que fue abusada sexualmente
por sus traficantes durante el viaje hacia Estados Unidos.

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Documental sobre la emigración centroamericana a través de México a bordo del tren conocido como “Tren de la Muerte”. Locutor Álvaro González de Mendoza

__________________________________________________________________________________________________________MIGRACION

AUMENTA 160% LA DEPORTACION DE MIGRANTES EN ESTADOS UNIDOS

Estados Unidos ha endurecido su política migratoria en contra de los indocumentados, la mayoría de nacionalidad mexicana. La administración de Barack Obama busca no sólo a los que recientemente cruzaron la frontera sino a quienes residen en ese país desde hace muchos años y han construido ahí lazos familiares, educativos y laborales.

Información pública de ambas naciones pone en evidencia esta situación que ha encendido las alertas del gobierno mexicano, ante lo que percibe como una estrategia aceptada por demócratas y republicanos para tratar de convencer a la opinión pública que están combatiendo la migración irregular y, en consecuencia, sacando a los criminales. Esa situación ocurre en momentos en que se complican las perspectivas económicas en aquel país y las agencias calificadoras ponen en duda la capacidad del gobierno estadunidense para pagar su deuda; de igual forma, en la víspera de un año electoral.

En esa ruta, señalan funcionarios mexicanos, los operativos se realizan sin miramientos y sin la posibilidad de que los indocumentados que han trabajado en Estados Unidos –y pagado impuestos– incluso por más de dos décadas, tengan una oportunidad de regularización, a fin de no ser separados de sus hijos, muchos de ellos nacidos en ese país.

En 2006, poco más de 16 mil mexicanos expulsados indicaron que fueron detenidos en sus trabajos u hogares y, en 2010, este indicador llegó a 35 mil 779, según información del gobierno mexicano, sistematizada con base en una encuesta sobre migración en la frontera norte. Relacionado con este mismo indicador, se revela que en 2008 se reportaron 14 mil 354 mexicanos deportados en esas condiciones, pero en 2009, primer año del gobierno de Obama, esa cifra llegó a 20 mil 229.

De igual forma, relacionado con las consecuencias de estas abruptas expulsiones, en 2004, 18 mil 714 mexicanos afirmaron que fueron detenidos en Estados Unidos en compañía de sus familiares, pero fueron devueltos a México sin ellos; en esta misma circunstancia se reporta el siguiente desarrollo anual: 40 mil 23 (en 2005), 38 mil 597 (2006), 46 mil 397 (2007), 54 mil 93 (2008), 55 mil 787 (2009) y 52 mil 835 (2010).

A nivel general, las estadísticas de México y Estados Unidos muestran que si bien las detenciones reportadas por la Patrulla Fronteriza han caído significativamente, al pasar de 1.6 millones en 2000 a 404 mil en 2010, losoperativos a cargo de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) reportan cada vez un mayor número de deportaciones, con avances de 160 por ciento en la década pasada y de 39 por ciento en el bienio 2009-2010.

Por ejemplo, en 2000 estosoperativos arrojaron 151 mil 267 deportaciones de mexicanos y, con una tendencia estable, en 2004 la cifra llegó a 175 mil 865.

Un año después, en 2005, el nivel bajó ligeramente, al ubicarse en 169 mil 31, pero desde entonces la tendencia es alcista e imparable.

En 2006, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos informó acerca de la deportación de 186 mil 726; un año después, ya eran 208 mil 996, y para 2008 el registro ascendió a 246 mil 851.

El año siguiente, cuando Obama llegó a la Presidencia, el indicador en referencia se ubicó en 282 mil 666 y al cierre de 2010 alcanzó una cifra récord: 393 mil casos, de los cuales 72 por ciento son mexicanos, esto es, 283 mil.

Un reporte reciente de la ICE detalla la tendencia al alza de estos episodios que refieren un nivel sin precedente en el gobierno actual.

En 2011, de acuerdo con las más recientes cifras disponibles y un análisis de la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, se informa que el reforzamiento interior ha pasado de actividades informales a amplios programas de cooperación intergubernamental para identificar y deportar extranjeros.

En la comisión binacional de alto nivel para analizar los aspectos migratorios, los funcionarios mexicanos –de las secretarías de Gobernación y de Relaciones Exteriores– han manifestado su preocupación por la forma en que se ejecutan estos operativos, bajo el argumento de remover a un mayor número de criminales extranjeros.

El gobierno mexicano advierte que va en aumento el número de mexicanos deportados que no son criminales. El Departamento de Seguridad Interna clasifica como criminales a aquellas personas que tienen antecedentes registrados ante la autoridad, aunque se trate de faltas administrativas, como pasarse un alto o manejar en estado de ebriedad.

En el apartado Deportación de mexicanos por antecedentes penales 2000-2009 se precisa que en 2006, de 186 mil 726 deportados, 61 por ciento fueron no criminales y para 2009 el porcentaje de esa referencia subió a 66 por ciento.

Los funcionarios mexicanos consultados por La Jornada explicaron que la alerta no está sólo en el programa ordinario de repatriación ordenada y segura, sino en este endurecimiento de la política inmigratoria en Estados Unidos.

Estos operativos, añaden, responden no sólo a la proliferación de legislaciones antinmigrantes, como la SB1070 de Arizona, sino a acciones y programas de colaboración orquestados por la administración federal mediante el ICE, con estados, condados y gobiernos locales.

Son cuatro los programas en Estados Unidos que integran el reforzamiento interior.

Estos son: Acuerdos 287, que autoriza a policías locales y estatales a actuar como agentes migratorios a partir de un memorando de colaboración con el gobierno federal. El Programa de Extranjeros Criminales identifica a sujetos susceptibles a deportaciones en cárceles del país. Escudo Comunitario, dirigido a miembros de pandillas y afiliados, y elPrograma de Operaciones para Fugitivos, cuyo objetivo son individuos con órdenes de deportación sobresalientes o inminentes y que la ICE identifica como sujetos de deportación por medio de huellas digitales.

Con la participación de México se ha articulado la operación mediante el Programa de Repatriación Humana, formulado en diciembre de 2007, para brindar asistencia a los mexicanos para el traslado a sus lugares de origen. Este programa benefició a 267 mil 317 mexicanos en 2010 y, de enero a junio de 2011, fueron 150 mil 217.

El punto con mayor número de connacionales devueltos es Tijuana, seguido de Nogales, Mexicali, Nuevo Laredo, Matamoros y Reynosa.

También está el Programa de Repatriación Voluntaria al Interior, de naturaleza humanitaria y voluntaria; aplica en verano para salvar a migrantes en el corredor Sonora-Arizona que aceptan regresar vía aérea a la ciudad de México o con apoyo terrestre a otras regiones. De junio a septiembre de 2010 hubo 219 vuelos de Tucson a la ciudad de México, con lo que se brindó asistencia a 23 mil 383 mexicanos. La operación de este año empezó el 11 de julio y concluye el 23 de septiembre.

Fuente La Jornada

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MEXICO

Sobre la Bestia: Un tren de sueños y quimeras – cr{onica desde la Caravana Paso a Paso hacia la Paz

Fuente: Radio Zapatista

Le dicen la bestia. Innumerables toneladas de hierro crujiente que avanza moroso desde la frontera de México y Guatemala rumbo al norte. En ella, sobre ella, aferrados al metal candente de los techos de los vagones, viajan diariamente sueños, esperanzas, tragedias, anhelos y soledades. Es el tren de la muerte, el tren de los migrantes, y los miles de kilómetros que recorre representan uno de los viajes más peligrosos del mundo. A la bestia subimos en Tenosique, Tabasco, cerca de la frontera con la región selvática del Petén, en Guatemala: migrantes, activistas, periodistas e individuos solidarios que nos unimos a la Caravana Paso a Paso hacia la Paz, una iniciativa de varias organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes para visibilizar la violencia que sufren en México y exigir un alto a los abusos.

Ninguna descripción puede abarcar la vorágine de sentimientos que se encuentran al momento de trepar por los peldaños de los vagones cargando escasas provisiones y encontrar un espacio dónde acomodarse entre tantos otros y otras migrantes en condiciones similares y distintas. Hay quienes conocen el camino, lo han recorrido varias veces, han sido deportados en distintos puntos de México o de Estados Unidos, han sido asaltados, golpeados, secuestrados, extorsionados. Hay quienes nunca han pisado México y sólo conocen el tren de oídos, sus historias temibles, sus tantos peligros. Muchos se conocen, para llegar aquí han tenido que atravesar parte de Honduras y todo Guatemala, algunos, los más afortunados, en camión, otros, la mayoría, a pie. Dos jóvenes, apenas salidos de la adolescencia, huyeron de su barrio en la periferia de San Pedro Sula, amenazados por el crimen organizado, con la ropa del cuerpo y sin ningún dinero. Caminaron por el monte nueve días, se perdieron, de alguna manera lograron llegar hasta Tenosique, uno de ellos lleva un vistoso curativo en la oreja, algún insecto le picó y tiene una infección, y el otro camina cojeando, los pies en carne viva, los tenis destrozados. Otro cuenta que es el único que escapó del grupo de cinco que después de dos días de camino llegó a Tenosique y fue perseguido por la migra mexicana. Él y otro se metieron a una casa, los oficiales de migración no pueden entrar a las casas sin órdenes de cateo o permiso de los residentes, como quiera entraron después de cierto titubeo, a uno lo detuvieron, el compañero saltó por la ventana, se escondió en un pastizal, allá le llevó comida la anciana que vive en la casa hasta que el peligro pasó. Un joven anda desorientado, se mantiene callado, alejado de los demás, casi no habla con nadie. Es uno de dos que sobrevivió un secuestro, un grupo grande fue atacado por los Zetas, había mujeres y niños, a ellos, como a otros y otras, los violaron, ellos dos lograron escapar, pero del otro nadie sabe nada, a saber dónde fue a parar. Vemos al joven quedarse atrás en la abandonada estación. ¡Súbete!, le gritan, pero él sólo mira al tren con ojos vacíos. Más adelante, a unos kilómetros de distancia, de entre la selva salen dos hombres, se suben al tren unos vagones atrás. Los migrantes, atentos, se ponen en alerta: pueden ser asaltantes. No, alguien los conoce, viajó con ellos cerca de la frontera. Eran cinco, sólo quedan dos. “Quién sabe cuántos días llevan sin comer”, dice el hombre que los conoce. “No traen dinero.”

Hay una sensación de expectativa, de alegría, de miedo. Estamos en camino, estamos en la bestia. Los paisajes son sobrecogedores. Selva densa, voraz, donde surgen de repente minúsculos poblados con casas de tabla y techos de lámina, campesinos que saludan solidarios, ancianas que sonríen desde las puertas, niños que gritan y ríen. Ríos, pequeñas lagunas, pastizales, montañas, verde por doquier. Pasamos un puente, muchos se levantan, extienden los brazos, ríen, una sensación de libertad, de movimiento, la extensión ilimitada de esa naturaleza exalta los ánimos y alimenta las esperanzas: la vamos a hacer, vas a ver que esta vez sí llegamos, con fe en Dios.

El sol arrecia, el agua escasea, casi nadie ha comido, un grupito lleva tortillas. Nadie se queja. Como sea nos tratamos de proteger del sol, camisetas y trapos en la cabeza a guisa de turbantes. Conforme avanzamos, se van tejiendo amistades, solidaridades. Es la comunión de anhelos y peligros, deseos y temores. Con ese vértigo de emociones se tejen lazos, se comparten historias, unos se reconocen en los otros. Estamos juntos y juntas, nadie sabe por cuánto tiempo, y es justamente la incertidumbre lo que quizás más nos une. Y la soledad.

Pero hay una diferencia. Este trecho del viaje es distinto, todos lo sabemos. Los migrantes agradecen su suerte. “Se nos fue el tren el domingo, con la perseguida que nos dio la migra. Pero Dios sabe por qué hace las cosas. Si no, no estaríamos aquí.” La presencia de los periodistas y los activistas trae protección, aunque no garantías —en una caravana anterior, tres hombres armados a bordo de una camioneta intentaron llevarse a una de las mujeres cerca de Orizaba—. En Palenque, una recepción inesperada: un equipo de salud y dos ambulancias, botellas de agua, paquetitos de suero, sándwiches y frutas. Son hechos, no palabras, dice el gobierno de Chiapas. Mientras estén las cámaras. “Hmmm, si no estuvieran ustedes, nomás estarían pa chingarnos”, comenta irónico uno de los migrantes. “¡No más secuestros!”, le grita a un grupo de policías, divertido con la libertad de gritarle impunemente a quienes encarnan el terror.

Como quiera nadie se confía. En un descampado, bajo el sol ardiente de las dos de la tarde, el tren se detiene sin aparente razón. Inmediatamente la gente se pone en alerta: “¿Por qué se paró?” Todos tratamos de vislumbrar enemigos escondidos entre los árboles, el indicio de alguna camioneta atravesada allá adelante, algún movimiento sospechoso, dispuestos a saltar en caso de peligro, de una altura de varios metros, y correr como locos para salvar el pellejo. “A mí me secuestraron en Reynosa la cuarta vez que traté de cruzar”, cuenta un hondureño que va en su quinta tentativa. “Estábamos en Nuevas Aguas, llegaron varias trocas y nos encañonaron, nos subieron a golpes y patadas. Nos llevaron a una casa encerrada. Nos golpearon. Uno por uno nos llevaban a un cuarto solos, nos pedían números de teléfono. Yo no les di, y cada vez que decía que no tenía número, era golpiza. Cuando logré escapar, llegué a la casa del migrante en Reynosa, estuve una semana con atención médica. Quieren números para sacarle dinero a la familia, les dicen que vendan todo para mandar el dinero, y a veces lo matan a uno aunque la familia mande dinero. Pero si uno no da número, ahí van los golpes… Yo pensé que me iba a morir, nos llevaron al río para matarnos, casi no nos podíamos mover, de tanto tiempo que teníamos sin comer. Pero gracias a Dios tuve una oportunidad más de vida y ahí vamos otra vez.” ¿Aún así?, le pregunto. “Sí, ahí vamos de nuevo, todo sea por el bien de nuestros hijos.”

Las mafias del crimen organizado descubrieron que los migrantes son una mina de oro, “un negocio muy jugoso, un signo de dólares”, cuenta Elvira Arellano, ella misma migrante, que en 2006 desafió las leyes estadounidenses cuando quisieron deportarla; se refugió en una iglesia en Chicago y se transformó en activista por los derechos de los migrantes. Un año después fue deportada, pero decidió continuar la lucha, ahora en su propio país. Viaja en el tren y es una de las coordinadoras de la caravana.

Al principio el crimen —las maras, los Zetas, otros grupos delincuentes o narcotraficantes— asaltaban a los migrantes para quitarles el dinero que traían para el viaje y para pagar el coyote. Después descubrieron que era mucho más lucrativo extorsionar a las familias. Y ahora, en el contexto de la guerra desatada por Felipe Calderón, los migrantes son secuestrados para servir como esclavos del narco, en particular de los Zetas, sobre todo en el Estado de México y Veracruz pero también en otros estados. Los secuestran, los entrenan, y los ponen a trabajar, muchas veces como sicarios. Quienes se rehúsan, los matan. Si intentan huir, los matan. Los entierran en fosas comunes y nadie vuelve a saber de ellos.

La complicidad de miembros de todas las instituciones de gobierno, y en particular del Instituto Nacional de Migración y los diferentes cuerpos policiales, es por todos conocida. La impunidad con la que cuenta el crimen organizado para secuestrar, extorsionar, torturar, violar, esclavizar y matar a las y los migrantes es la principal razón de la violencia, que muchas veces sucede con la connivencia y participación activa de las fuerzas policiales y migratorias.

¿Y las familias? “¿Te puedes imaginar lo que es eso para la familia?”, pregunta Mario, un migrante hondureño que se subió al tren en Palenque y que viaja con un paisano que ya vivió en Texas y que prometió ayudarle a encontrar chamba, si es que logran llegar. “Uno sale y nadie sabe lo que va a pasar. Muchos desaparecen y la familia se queda años sin saber qué le pasó, si llegó y está en Estados Unidos, si lo secuestraron, si se murió. Es terrible vivir así.” ¿Y tú familia qué piensa?, le pregunto a Rigoberto, otro migrante hondureño. “No les gusta, es muy difícil dejar de vernos por varios años, y además tienen mucho miedo por lo que me pueda pasar, nunca se sabe su uno va a regresar”. Rigoberto ya estuvo cuatro años en Estados Unidos, lo deportaron hace un mes. ¿Cómo fue ver a tu familia? “Fue lo mejor que me ha pasado en la vida. Me sentí soñado. Estuve con ellos un mes y ahora voy de nuevo p’arriba. Si llego, me quedo otros cuatro años.”

Casi todos los que viajan en el tren son hondureños. Y todos dicen lo mismo. No hay trabajo, no hay dinero, el crimen está terrible, ya no se puede vivir así, los hijos merecen una oportunidad en la vida. Después del golpe de estado, la situación se volvió insoportable. El poder económico concentrado en manos de unos cuantos, la impunidad y la connivencia del poder político con el crimen organizado volvió al país un infierno. Extorsiones, violencia, asesinatos.

Dos jóvenes, hermana y hermano, viajan juntos. Nunca salieron de Honduras, no llevan dinero, no conocen a nadie en Estados Unidos, no saben a dónde van ni por dónde ni cómo pretenden cruzar. Van improvisando, como se den las cosas. Son amables, sonrientes, solidarios con los demás. Me ofrecen una lata de atún. En la noche nos toca ir juntos, todos tenemos que acostarnos pues en la oscuridad no se ven las ramas, que son peligrosas y que pasan golpeándonos la cara y el cuerpo aun acostados. Somos muchos, no cabemos, estamos prácticamente unos sobre otros, torcidos en posiciones imposibles. Los tres nos protegemos con un mismo plástico de la lluvia que cae pertinaz. Luego el frío. Algunos no duermen, por miedo a caerse. Cuando pasa la lluvia, aparece un cielo estrellado bellísimo atravesado por manchas fugaces del ramaje que confirma nuestro lento pero firme caminar rumbo a ese norte de esperanzas y quimeras.

La mañana luce espléndida y el sol naciente ayuda a desentumir los cuerpos retorcidos que empiezan a desperezarse. Un día más de viaje, de calor, sed y hambre, de historias y anécdotas, de peligros librados, de soledad soslayada por la intensidad del presente y el fuego de la esperanza.

Esa tarde nos despedimos. Y en cada apretón de manos y en cada abrazo, una incógnita. ¿Qué será de ti, hermano, hermana? En la corriente imparable de ese flujo de sueños y esperanzas rumbo a la utopía del norte, hombres y mujeres se encuentran y desencuentran, se solidarizan, se aman, se pierden, víctimas de un sistema triturador y excluyente, personificación misma del desamparo, pero también de la resistencia, la perseverancia, ejemplos vivísimos del potencial humano de seguir luchando por una vida digna con todo en contra.

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MEXICO.

Condenan el ingreso ilegal de la policía federal a la Casa YMCA para menores migrantes y el intento de allanamiento de la Casa del Migrante en Tijuana

 FUENTE-CENCOS

Boletín de prensa
Coalición Pro Defensa del Migrante

  • La Coalición Pro Defensa del Migrante condena la actitud de la policía federal al intentar allanar las instalaciones de la Casa del Migrante en Tijuana y el ingreso ilegal a la Casa YMCA para menores migrantes.

El martes 26 de julio, aproximadamente a las 9:00 de la noche llegó un comando de policías federales fuertemente armados y se apostó en las afueras de la Casa del Migrante en Tijuana. Sin ninguna orden judicial, solamente portando un fax que les habían enviado sus superiores, donde supuestamente se les notificaba que un presunto homicida se encontraba en las instalaciones del albergue, intentaron entrar a las instalaciones de la Casa del Migrante.

El director de la Casa del Migrante Padre Luiz Kendzierski les pidió amablemente que se retiraran si no portaban alguna orden judicial. Los agentes federales respondieron con insultos e improperios y continuaron presionando para entrar.

Afortunadamente la llegada de los medios de comunicación, de la Delegada de la CNDH en Tijuana y la intervención del Procurador de los Derechos Humanos en Baja California convocados por nosotros, suavizaron los ánimos de los agentes que cambiaron rápidamente de actitud y se permitió la entrada de un agente desarmado acompañado de la representante de la CNDH para verificar que no se encontraba la persona buscada.

Aproximadamente a las 11 y media de la noche sin haber detenido a nadie, el comando de agentes federales se retiró.

Cabe agregar que el director de la Casa del Migrante siempre adoptó una actitud respetuosa y colaborativa con los agentes, pero defensor del derecho al solicitarles la orden de cateo.

Ante estos lamentables acontecimientos, la Coalición Pro Defensa del Migrante manifiesta lo siguiente:

Los albergues de migrantes son espacios humanitarios donde se fomenta la solidaridad, el respeto y la tolerancia. En ellos se le da apoyo a todo migrante sin distingos de raza, nacionalidad, creencia o genero. No se discrimina a nadie. No se juzga a nadie por su apariencia ni se investiga su vida. Únicamente se identifica al migrante y se les pide que actúen bajo las reglas de los Albergues.

Los albergues de migrantes en todo momento buscan y fomentan que se respete el estado de derecho y que la justicia prevalezca, pero también demandan de la autoridad respeto por su trabajo.

Por esa razón:

1- Nos preocupa sobremanera que este tipo de situaciones se presenten ya que no abona a la  imagen de quienes defienden los derechos humanos.

2-Condenamos enérgicamente la actitud de los agentes federales que ante la negativa de permitirles su ingreso sin orden de aprehensión alguna, recurrieron a insultos e improperios contra el director de la Casa del Migrante, su personal y la coordinadora jurídica del proyecto Iniciativa Frontera Norte.

3. Condenamos el ingreso de agentes federales fuertemente armados a la Casa YMCA, para menores migrantes sin orden judicial, indicando que estaban investigando el homicidio de una persona ingresando la misma noche del martes 26 de julio con la prepotencia usual, amenazaron al personal que entrarían por la fuerza en caso que no se les diera libre acceso detendrían al personal responsable en turno. Hicieron un recorrido para verificar que no se encontraba lo que ellos buscaban y con un simple “Usted disculpe” se retiraron de las instalaciones.

Es importante hacer del conocimiento de la comunidad este tipo de acciones, entendemos que
las labores de “investigación” de las corporaciones policiacas deben ser apoyadas, sin embargo no vamos a permitir que estas sean llevadas a cabo con atropellos y mucho menos con actitudes violatorias hacia nuestras Instituciones y equipos de trabajo.

Las organizaciones de la Coalición Pro Defensa del Migrante nunca se han rehusado a cooperar con autoridades que estén investigando personas claramente identificadas siguiendo los protocolos establecidos con respeto a los derechos humanos.

4-Nos solidarizamos con nuestros compañeros de la Casa del Migrante en Tijuana, A.C. y la Casa YMCA para menores migrantes, sabemos que la defensa y promoción de los derechos humanos de los migrantes seguirá siendo su prioridad por lo que solicitamos respeto a su trabajo.

5-Refrendamos nuestro apoyo a las actividades que realizan en pro de los derechos humanos de los migrantes.

Contactos:

José A. Moreno Mena
Coalición Pro Defensa del Migrante, A.C.
Mexicali, B.C.
(686)137-1381
(664) 607-7077

Luiz Kendzierski
Casa del Migrante en Tijuana, A.C.
Tijuana, B.C.
(664) 682-5180

Julio 27 del 2011

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MEXICO.

ALBERGUE HERMANOS EN EL CAMINO: A PLENA LUZ DE LA MAÑANA PLENO SECUESTRO DE MIGRANTES EN MEDIAS AGUAS, VERACRUZ.

SomosMigrantesNoDelincuentes.jpg

24 de junio de 2011.- El día viernes 23 de junio de 2011 cuando eran aproximadamente las 9 de la mañana, salió el tren de Ixtepec con rumbo a Medias Aguas, Veracruz. Lo abordaron un grupo aproximado de 250 personas migrantes que habían salido del albergue de migrantes Hermanos en el Camino. Había una lluvia intensa, el tren maniobró para enganchar vagones, algunos de los migrantes que se quedaron despidieron con gritos desde el albergue a los que se fueron.

El tren se fue y los migrantes también, subidos con la esperanza de que ahora era más seguro llegar a Medias Aguas pero no fue así. Cuando estaban por llegar a ese lugar, después de haber recorrido más de 4 horas, cerca de la Estación de Medias Aguas, el tren fue detenido por el maquinista e interceptado por tres camionetas de lujo, tipo Suburban con al menos 10 personas fuertemente armadas que estaban para recibirlos: “bájense hijos de su puta madre, bájense rápido y súbanse a las camionetas” decían y se escucharon los gritos de la gente y de unos niños que iban acompañados de sus padres y que horas antes habían estado en el Albergue, unos se corrieron entre los matorrales para salvar sus vidas y los otros que no pudieron escapar fueron capturados por estas personas y después se los llevaron en las camionetas con rumbo desconocido.

Hasta el momento no se tiene el registro de los migrantes que fueron secuestrados pero según el testimonio de algunos que se escaparon y llegaron con nosotros al Albergue aseguran que fueron varios.

Hasta donde tenemos conocimiento, este nuevo hecho de secuestro se da cuando en esta zona ya había varios meses de no haberlos.

Seguiremos informando con más detalles conforme vallan llegando al albergue los migrantes que se escaparon.

Gracias por su atención.

ALBERGUE DE MIGRANTES HERMANOS EN EL CAMINO A.C.

“Tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fuí migrante y me hospedaron” Mateo 25,35

Ciudad Ixtepec, Oaxaca, 24 de junio de 2011

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MEXICO.

SE LANZA CAMPAÑA POR EL DERECHO A MIGRAR SIN VIOLENCIA.

FUENTE- FUERZAS UNIDAS POR NUESTROS DESAPARECIDOS EN COAHUILA.

Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos (as) en Coahuila nos sumamos a la campaña:

POR EL DERECHO A MIGRAR SIN VIOLENCIA

Expertos nacionales e internacionales reunidos en Saltillo, acuerdan agenda de 7 puntos prioritarios para terminar con abusos contra las y los migrantes

La tragedia humanitaria que viven las personas migrantes mexicanas y extranjeras en México, caracterizada por más de 20,000 secuestros al año, masacres como la de los 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas y los hallazgos continuados de fosas clandestinas con los restos mortales de cientos de personas nos exigió y nos comprometió a realizar un “Taller internacional por el derecho a migrar sin violencia”, con la intención de intercambiar experiencias y propuestas para poner fin a las violaciones a los derechos humanos de los migrantes en tránsito por México.

Representantes de casas de migrante de todo el país, académicos, organizaciones internacionales, en nuestra calidad de defensoras y defensores de derechos humanos, respondemos a esta lacerante realidad.

En la actualidad, al permitir y coludir en la actuación de los grupos del crimen organizado en contra de las y los migrantes, el Estado es responsable por desapariciones forzadas, secuestros, extorsiones, violencia de género, tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes, contra esta población.

Después de tres días de análisis de la situación que enfrentan las personas migrantes en México y del fenómeno regional y global de la migración, exigimos al Estado mexicano:

1. Que proporcione a las personas transmigrantes la posibilidad de transitar el territorio nacional con un estatus migratorio regular.  Lo anterior se puede lograr mediante la inclusión de una visa para transmigrantes en las reformas a la nueva Ley de Migración en los próximos meses, o mediante un acuerdo de supresión de visas entre México y los países de origen, sobre todo los países centroamericanos.

2. Que garantice la seguridad de las personas mexicanas que se ven obligadas a migrar y que se han convertido en centro de mercantilización igual que la población transmigrante.

3. Ante la ineficacia de los programas actuales en materia de deportación, que garantice un retorno seguro a casa de las personas mexicanas repatriadas, proporcionándoles información, una identificación y los recursos económicos y logísticos necesarios para este fin.

4. Que reconozca, garantice y proteja el derecho de defender a los migrantes, en particular garantizar la protección de las casas de migrante y las personas defensoras de derechos humanos.  En este sentido, destacamos que cualquier acción o mecanismo gubernamental de protección para las y los defensores de derechos humanos debe ser resultado de un proceso participativo de consulta y acuerdos con la sociedad civil.

5. Considerando que la obligación de investigar todo delito cometido contra las personas migrantes corresponde al Estado a partir del momento en que tenga conocimiento de la probable comisión de actos delictivos, exigimos que el Gobierno mexicano cumpla este deber, poniendo fin a la impunidad imperante y persiguiendo, consignando y sancionando a los autores de secuestros, masacres, violencia sexual y otros abusos contra migrantes, incluyendo a los agentes estatales coludidos o que toleren dichas conductas a todos niveles.   Ante la ineficacia de las instituciones de procuración de justicia, a nivel estatal y federal, proponemos la creación de una instancia especializada que garantice una investigación de dichos delitos acorde a los estándares internacionales de derechos humanos, en consulta con la sociedad civil dedicada a la protección de la población migrante.  Destacamos que esta instancia debe cuidar de no repetir las deficiencias de pasadas Fiscalías especializadas que sólo han abonado a la impunidad.

6. Que garantice la atención y protección integral a migrantes víctimas de delito y a testigos, asignando un presupuesto adecuado para los programas necesarios de atención integral y protección.

7. Que colabore activamente con los gobiernos de la región para implementar soluciones efectivas que pongan fin a los abusos cometidos en contra de sus ciudadanos en territorio mexicano.

Las y los migrantes, sujetos de derecho, se encuentran en una situación de peligro inminente por su estatus y por las causas estructurales que los obligan a abandonar sus países y transitar en la clandestinidad.  Este fenómeno exige urgentemente una respuesta eficaz que garantice la vida, integridad física y seguridad de todas las personas migrantes en territorio mexicano.  Ningún país democrático puede aceptar la masacre continuada de decenas de miles de personas vulnerables que igual que millones de mexicanos buscan una vida digna y libre de violencia.

Saltillo, Coahuila, 16 de junio del 2011

 

Organizaciones internacionales

Arizona Interfaith Alliance for Worker Justice (Alianza entre Religiones por la Justicia Laboral, Arizona)

Fundación Rafto para los Derechos Humanos, Noruega

Programa de Justicia Social y Derechos Humanos, Universidad Estatal de Arizona

 Organizaciones mexicanas y regionales

La 72, Hogar Refugio para las Personas Migrantes, Tenosique, Tabasco

Belén Posada del Migrante, Saltillo, Coahuila

Casa del Migrante Hermanos en el Camino, Ixtepec, Oaxaca

Casa del Migrante Reynosa “Nuestra Señora de Guadalupe”, Tamaulipas

Centro de Apostado San Nicolás de Tolentino, Guadalupe, Nuevo León

Centro de Atención al Migrante y Necesitado, Altar, Sonora

Centro de Derechos Humanos del Migrante de Ciudad Juárez, Chihuahua

Centro de Derechos Humanos para Migrantes “Beato Juan Bautista Scalabrini”, Nuevo Laredo, Tamaulipas

Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh)

Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, Saltillo, Coahuila

Dimensión Pastoral de la Movilidad Humana

Diócesis de Saltillo

Enlace, Comunicación y Capacitación, A.C., Comitán, Chiapas

Frontera Con Justicia, Saltillo, Coahuila

Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho

Hogar de la Misericordia, Arriaga, Chiapas

Humanidad Sin Fronteras, Saltillo, Coahuila

Iniciativa Frontera Norte

Movimiento Migrante Mesoamericano

Las Patronas, Córdoba, Veracruz

Servicio Jesuita de Jóvenes Voluntarios

Servicio Jesuita a Migrantes

Tribunal Internacional de Conciencia de los Pueblos en Movimiento

A título individual

Dr. Alejandro Anaya Muñoz, División de Estudios Internacionales, Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE)

Dr. Michelle Téllez, Universidad Estatal de Arizona, Estados Unidos

Dr. Javier Urbano Reyes, Departamento de Estudios Internacionales, Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México

Lic. Pau Vidal Sas, Servicio Jesuita a Refugiados.

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MEXICO- CENTRO DE DERECHOS HUMANOS FRAY MATÍAS DE CÓRDOVA, A.C.

BOLETÍN DE PRENSA

28 de mayo de 2011

INM CONTINÚA VIOLANDO DERECHOS HUMANSO DE LAS PERSONAS MIGRANTES

Traslados arbitrarios y violación al debido proceso

Niegan entrada a la Comisión Nacional de Derechos Humanos y al Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova

En punto de las 19:30 hrs 9 migrantes cubanos y 1 dominicano, quienes hasta el día de ayer se encontraban al interior del Centro Estatal de Reinserción Social de Sentenciados No. 3 (CERESO No.3) de Tapachula, Chiapas, acusados de daños en propiedad ajena por parte del Instituto Nacional de Migración (INM), consecuencia de la política discrecional del INM en materia de debido proceso y acceso a la información, fueron trasladados a bordo de dos autobuses –Línea Space Tours núm. 2801 y 2601– escoltados por dos patrullas de la Policía Federal Núm. 12497 y 12491 rumbo a la Estación Migratoria de Acayucan, Veracruz, argumentando que “en la Estación Migratoria Siglo XXI, la más grande de Latinoamérica, no hay las condiciones para que permanezcan”.

Alrededor de las 18:00 hrs la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova intentaron ingresar a la Estación Migratoria para corroborar el estado de salud físico y emocional de los 13 migrantes, así como su situación administrativa y si pesaba sobre ellos alguna notificación de traslado o de deportación, sin embrago por ordenes de la delegada regional del INM en Chiapas, María de las Mercedes Gómez Mont Urueta, se les negó el acceso.

En este contexto es que desde el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova denunciamos el actuar discrecional del INM en los traslados de migrantes, toda vez que un traslado de noche, como el que se está efectuando en esto momentos, con condiciones climatológicas adversas pone en riesgo la integridad física de los migrantes así como su integridad emocional ya que no se les comunico, en tiempo y forma, de su traslado a la Estación Migratoria de Acayucan y responsabilizamos al INM de cualquier acción que ponga en riesgo la vida de Richard René Remedios Morell, Wilmar García Perez, Julio Esteban González Amaral, Pedro Pablo Perez Mils, Daniel Espinoza Guzmán, Idalberto Perez Bermúdez, Diego Juvera Miranda, Santiago Apostol Díaz Dauhajre, Alejandro López Sánchez y Junior Michel Castillo Reyes.

Así mismo esta organización envío, el 26 de mayo pasado, una Acción Urgente en la que urgía a la INM a retirar inmediata e incondicionalmente los cargos en contra de Richard René Remedios Morell, Wilmar García Perez, Julio Esteban González Amaral, Pedro Pablo Perez Mils, Daniel Espinoza Guzmán, Idalberto Perez Bermúdez, Diego Juvera Miranda, Denis Alexis Ulloa Iscoa, Santiago Apostol Díaz Dauhajr, Alejandro López Sánchez y Junior Michel Castillo Reyes; así como que al momento de regresar a la Estación Migratoria Siglo XXI no tuvieran ninguna represalia y que continuará su procedimiento administrativo garantizando todas las garantías procedimentales y de respeto a sus derechos humanos.

Sin embargo, este traslado contraviene no sólo la petición que este organismo de derechos humanos hiciera sino también viola las garantías individuales de los migrantes.

Cabe señalar que el día de ayer el Consejo Estatal de Derechos Humanos de Chiapas pago la fianza de los 13 migrantes (9 cubanos, 1 guatemalteco, 1 dominicano y 2 hondureños) que se encontraban al interior del CERESO No. 3, tras su salida el día de hoy, fueron trasladados a la Estación Migratoria Siglo XXI.

11 de los 13 migrantes permanecieron 24 días en huelga de hambre, al interior del CERESO No.3 como una mediad para hacerse escuchar, de ellos el miércoles pasado fueron trasladados dos migrantes cubanos de urgencia al Hospital Regional de esta ciudad, quienes salieron ese mismo días tras practicárseles un examen médico.

Para mayores informes contactarse con:

Miriam González Sánchez

Área de Comunicación

Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, AC

Tel. 01 (962) 6425098

Móvil. 9621313449

comunicacion.fraymatias@gmail.com

@CDHFrayMatias

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